Minería y comunidades: ¿cómo se convierte la actividad minera en oportunidades?

octubre 7, 2026 1:24 pm

Hablar de minería es hablar de recursos naturales, inversión y producción, pero también de una pregunta fundamental: ¿cómo se transforma esa actividad económica en oportunidades concretas para las personas que viven alrededor de una operación minera?

La respuesta está en mirar la minería como parte de un ecosistema económico y social. Una operación minera puede generar empleos, impulsar proveedores locales, desarrollar capacidades, apoyar emprendimientos y contribuir a crear mejores condiciones para que las comunidades puedan crecer.

En República Dominicana tenemos ejemplos que muestran cómo este proceso puede desarrollarse. En Sánchez Ramírez, Pueblo Viejo ha impulsado iniciativas de formación técnica, empleo local, educación, emprendimiento e infraestructura en comunidades cercanas a la operación.Uno de los caminos más importantes ha sido la capacitación. A través de programas desarrollados junto con instituciones como INFOTEP, jóvenes de comunidades próximas a la mina han recibido formación en áreas técnicas como mecánica industrial, mecánica diésel y mantenimiento, combinando capacitación con experiencia práctica. La importancia de iniciativas como esta trasciende el empleo en una operación minera: una competencia técnica también puede abrir puertas en otras industrias o convertirse en la base para un emprendimiento.

La generación de oportunidades también ocurre a través de la cadena de proveedores. Una operación minera necesita transporte, alimentación, mantenimiento, construcción, servicios profesionales y numerosos bienes y servicios. Cuando parte de esa demanda es cubierta por empresas locales, la actividad económica se multiplica dentro del territorio.

Pueblo Viejo reportó en 2024 compras nacionales por US$574 millones, de las cuales US$48 millones correspondieron a compras locales, además de cerca de 3,000 empleados dominicanos, sin incluir contratistas. Estas cifras permiten dimensionar el efecto que una operación puede tener sobre el tejido productivo.

Para que ese impacto sea sostenible, sin embargo, las comunidades necesitan estar preparadas para aprovecharlo. Por eso son relevantes programas de emprendimiento, incubación empresarial y formación profesional. En Sánchez Ramírez se han desarrollado iniciativas para acompañar a pequeños y medianos negocios y facilitar el acceso de jóvenes de comunidades cercanas a oportunidades de educación superior y formación técnica.

La inversión social constituye otra dimensión. Proyectos de electrificación, infraestructura, educación o fortalecimiento comunitario pueden mejorar las condiciones desde las cuales las personas estudian, trabajan y emprenden. En comunidades próximas a Pueblo Viejo, por ejemplo, se han desarrollado proyectos de electrificación rural en coordinación con instituciones públicas.

El sector minero formal también tiene una incidencia económica que va más allá de las comunidades directamente vinculadas a una operación. CAMIPE reportó para 2025 más de 30,000 empleos directos e indirectos y más de RD$220 millones destinados a proyectos sociales entre 2020 y 2025. Estas cifras reflejan la capacidad del sector para generar actividad económica y contribuir al desarrollo social.Pero convertir actividad minera en oportunidades requiere algo más que inversión. Requiere coordinación. Empresas, Estado, gobiernos locales, instituciones educativas, organizaciones comunitarias y proveedores deben encontrar mecanismos para identificar las necesidades del territorio y conectar esas necesidades con las oportunidades que genera el sector.

También necesitamos medir mejor los resultados. No basta con saber cuánto se invirtió o cuántos programas se ejecutaron. Debemos preguntarnos cuántas personas consiguieron empleo, cuántos jóvenes completaron una formación, cuántas empresas locales crecieron, cuánto aumentó la participación de proveedores de la zona y qué capacidades permanecen en la comunidad.

Ahí está una parte importante de la conversación que debemos seguir desarrollando en República Dominicana.La minería ya genera empleos, inversión, encadenamientos productivos y aportes sociales. El próximo paso es preguntarnos cómo podemos hacer que esas oportunidades sean cada vez más amplias, sostenibles y medibles; cómo lograr que más jóvenes puedan prepararse para aprovecharlas, que más empresas locales puedan integrarse a las cadenas de suministro y que las comunidades tengan una participación cada vez mayor en los beneficios de la actividad.

Porque el objetivo no debería ser únicamente que una comunidad esté cerca de una operación minera, sino que esté mejor preparada y tenga más oportunidades gracias a ella.

La pregunta, entonces, no es solo qué aporta la minería hoy, sino qué más podemos hacer para convertir ese aporte en capacidades, empleos y oportunidades que permanezcan en nuestras comunidades y contribuyan a su futuro.

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