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El futuro de la minería

febrero 2, 2018 10:38 am

Para responder a un lector escribí en Twitter que estoy de acuerdo con la explotación de Loma Miranda y que al igual que la mayoría de los países, el nuestro debe aprovechar sus recursos mineros con estricta vigilancia del medio ambiente y en condiciones contractuales ventajosas. Las reacciones en mi contra fueron devastadoras, con epítetos que no conocía, deseándome algunos la peor de la suerte que la vida le puede deparar a un ser humano.

Como el ejercicio independiente del periodismo me ha curado de todas esas cosas, no le presté entonces mucha atención, a excepción del comentario de una joven de Santiago de formidable formación en el campo de la ingeniería ambiental, María Isabel Serrano Diná, quien me escribió diciendo que había sabido que Falcondo había comprado mi conciencia. Admito que ese tipo de juicio descalificativo, propio de gente carente de criterio es muy común en la red, pero viniendo de una joven de tan vasto conocimiento en su área, me impactó. Me impactó porque confirma la terrible enfermedad nacional de rehuir el debate serio de los temas fundamentales reduciéndolo a una simple descalificación.

El hecho es que la minería es un factor determinante en la actividad económica global y si bien es cierto que una explotación irresponsable puede resultar fatal para el medio ambiente, también es innegable que existen tecnologías y prácticas que garantizan su preservación, y que en la actualidad se aplican en países con códigos ambientales muy estrictos y rigurosos. Naturalmente, decir esto en un país donde el ejercicio de la política no responde a necesidades reales es como tocar las puertas del Averno. Si en lugar de sentarnos a discutir los temas centrales optamos por la descalificación personal, seguiremos siendo lo que somos, una nación pobre sin futuro. La oposición a Loma Miranda es más emocional que racional y basta estar en la red para comprobarlo.

En varias oportunidades me he referido en esta columna y en la red al sabio consejo del entonces presidente de Ecuador, Rafael Correa, en ocasión de su visita al país en el año 2013, cuando al referirse a la actividad minera local, dijo enfáticamente: “No le digan no a la minería”. Confieso que el señor Correa nunca ha sido de mi total agrado pero su argumentación tiene un innegable valor porque en su gobierno la explotación racional de los recursos del subsuelo, especialmente el petróleo, fue de la más alta prioridad.

La apasionada inclinación a rechazar la realidad de la actividad minera, a base de lugares comunes y descalificaciones que suponen una falta descomunal de conocimiento, puede congelar nuestro proceso de crecimiento y reducir nuestras posibilidades económicas a renglones sin ningún peso en el comercio internacional. Estar de acuerdo con la explotación de los recursos mineros no significa aceptar los males de una actividad irresponsable, sin vigilancia estatal y sobre contratos onerosos. Los términos de cualquier concesión es competencia del gobierno.

Lo que he dicho y sostengo es lo siguiente si Venezuela, Ecuador, México, Etiopía, Rusia, Estados Unidos, los países árabes, Irán, Brasil, China y muchos otros usan su petróleo; si Chile impulsa su crecimiento extrayendo el cobre de sus montañas, no entiendo porqué nuestro país no puede valerse de su riqueza minera para mejorar las expectativas de su gente. Por Loma Miranda no cruzan 40 ríos ni allí nacen aguas que alimentan la presa de Rincón, como se alega. Tampoco hay especies de fauna o flora que no existan en otros lugares del país. No reúne, pues, las condiciones excepcionales para ser declarado Parque Nacional.

Lo sensato es que los expertos dediquen su tiempo y conocimiento para determinar lo que más conviene al país, sin pasión y sin descalificaciones en la red y la radio.

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